La incertidumbre en el estado de salud del Presidente Chávez, no puede ser entendido sino como otra estrategia político-electoral más, en plena era digital donde las informaciones trascienden fronteras en cuestión de segundos. La decisión del mandatario venezolano de mantener su estado de salud bajo el mayor misterio no puede tener otra explicación sino la mera necesidad de levantar suficientes especulaciones con el fin que la conexión de la palabra “Hugo Chávez” dentro de los venezolanos tenga connotaciones emocionales.
En el pasado importantes jefes de estado han mantenido en secreto sus condiciones de salud en aras de proporcionarle estabilidad al estado. Casos como John Fitzgerald Kennedy (JFK) y sus dolencias de espaldas, como resultado de una lesión en la columna en un accidente de la embarcación torpedera que comandaba y un destructor japonés. De igual forma en 1947 se le diagnosticó el mal de Addison en un hospital en Londrés, en sus comienzos políticos cuando apenas era un representante al congreso por el estado de Massachusetts.
Languidez, debilidad general y cambio peculiar de la coloración de la piel son algunos de los síntomas visibles que presentaba JFK, los cuales fueron atenuados por las constantes aplicaciones de Hidrocortizona, dicho tratamiento presumiblemente responsable de la victoria en el debate televisivo de Kennedy contra Nixon, el 26 de septiembre de 1960, mostraba a un Kennedy, rosagante, saludable y lleno de energías; en contraposición de un Nixón, más delgado, sudoroso y físicamente más débil, luego de una lesión en la rodilla.
A pesar de todas las vicisitudes respecto a la salud de JFK, no le impidió ni ganar la presidencia, ni mucho menos de crear uno de los lazos emocionales más fuertes entre un presidente y el electorado de los Estados Unidos, comúnmente llamado “Camelot”.
Francois Mitterrand fue otro jefe de estado carismático y que igualmente padeció de cáncer, sin embargo su estado de salud se mantuvo en secreto hasta su muerte, cuando su médico de cabecera Dr. Claude Gubler, desclasificó toda la información médica de Mitterrand en su libro “El Gran Secreto”. El presidente francés estaba en conocimiento de su cáncer de próstata desde noviembre de 1981 (a pocos meses de asumir la presidencia), pero se falsificaban todos los reportes médicos para esconder el hecho ante la opinión pública, Gubler y su editor fueron demandados por la familia de Mitterrand bajo cargos de violación del secreto médico.
El presidente francés comparte un par de anéctodas en común con el presidente Chávez, entre las que destacan haber sido presidentes de sus respectivos países en el período de la Quinta República y de haber gobernado por dos períodos. Obviamente entre sus grandes diferencias se encuentran el manejo público de su salud, probablemente el estoicismo de los ochentas no le hubiera permitido a un jefe de estado defender la tesis de continuidad de poder bajo un estado de salud incierto.
Francois Mitterrand finalmente muere por complicaciones relacionadas a su cáncer de próstata un año después de haber perdido las elecciones para su un tercer período ante Jacques Chirac.
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